jueves, 6 de febrero de 2020

Mi Ser

Sólo quiero saber que estás cogiendo mi mano
Deseo avanzar hacia este nuevo horizonte
Alimento mi fuego
Insisto, insisto en creer en mi, una y mil veces
Alimento el coraje de saber qué ya he llegado
Soltando  lastres y mentiras
Caminando,  sintiendo el deseo de avanzar en mi estómago
La certeza de la meta
La fe en la propia fuerza
Se tiene que poder
Se tiene que poder
Basta de mentiras
Avanzo, avanzo...
... y no lo hago sola
                          El deseo me lleva
                                                       El amor me cuida
                                                                         Mis hermanos me rodean,
                                        los sigo, me siguen,  los arrastro, me arrastran, los inspiro, me inspiran

La gratitud se hace presente como un regalo
Sólo quiero sentir ese trazo de verdad que abre las brumas y dislumbra mi Ser.




viernes, 31 de enero de 2020

Cruzando el mar

Antes no venía a la orilla, pero ahora algo ha cambiado. 
Desde esta orilla veo , a lo lejos, más allá del mar, un islote. 
De noche las estrellas lo alumbran de forma especial. 
Lo miro a lo lejos y me siento en paz. 
Sería raro agarrar una barquito y llegar hasta allí. 
Sería como cruzar un puente y llegar a un sueño. 
Un sueño de paz. 
¿Qué será más real, mi vida en esta tierra, o aquel islote iluminado? 
Sé que allá vive gente, pero no son como nosotros. 
Los veo caminar. 
Desde esta orilla los observo ir y venir por el islote. 
Son diferentes. 
Somos diferentes. 
Un mar nos separa. 
Esta necesidad mía de observarlos, no sé porqué. 
Antes ni sabía que existían. 
Los niños de allá son tan amados. 
¿Cómo puedo saber esto si nunca estuve allá? 
A veces me siento desleal a los míos. 
Pero estoy cansada. 
Cansada de este lado de la orilla. 
A veces fantaseo con coger un barquito y remar hasta allá. 
Sin embargo, ayer escudriñando en detalle el movimiento de su gente, vi a una pararse. 
Sorprendida vi que me miraba fijamente. 
Me sonreía. 
No sé porqué sentí que me conocía, 
y de alguna manera supe que no necesitaba ningún barquito para cruzar, 
porque ya había llegado. 

miércoles, 6 de noviembre de 2019

EL UMBRAL

Respirando por tanto tiempo el aire de aquella habitación oscura, 
de aquel mundo negro.
En aquel mundo estaban todos a los que creía amar. 
Yo tenía mis amarguras y ellos las suyas. 
El día que la puerta se abrió, la luz del exterior lleno el umbral, 
y yo huí muy lejos. 
Pero  había visto la luz.
El recuerdo de sus rayos anidó en mi corazón y el anhelo fue creciendo. 
A muchos os hablaba de los rayos, 
al hacerlo el recuerdo se alimentaba y podía respirar de nuevo esa luz que vi. 

No sé como, 
milagrosamente, 
hoy desperté muy cerquita de la puerta y la luz tocaba mi rostro. 
Sorprendida, vi que podía salir, 
que sólo tenía que cruzar el umbral y ya estaría al otro lado. 
Pero no lo hice. 
Me sentí confusa hasta que comprendí.
Hasta que comprendí mi lealtad hacia aquella habitación oscura. 
Hacia vuestros rostros sufrientes. 
Si cruzaba, os abandonaba, 
os dejaba allí, 
solos.
Miré de nuevo hacia la luz. 
 De pronto recordé que el Amor no abandona.
El Amor no abandona, 
 porque no tiene esa capacidad. 
Así que puse un pie fuera, 
luego el otro 
y cruzé el umbral hacia la luz.
Cuando la luz llenaba todo mi ser, 
vi que mil rostros luminosos se acercaban a mí. 
Eráis vosotros. 
Vuestras sonrisas colmaron mi corazón de plenitud. 
Mis  lágrimas de alivio...
... gotitas de oro derramadas por el Cielo.
Cuando miré atrás para ver la habitación, 
había desaparecido. 

#Lección 131 UCDM

lunes, 28 de octubre de 2019

El amor nunca duerme

Creí haber sobrevivido a momentos sin ti.
Guardaba estos momentos en un rincón oscuro.
Un rincón lleno de polvo y dolor en el que no quería volver a mirar.
Estos momentos vuelven a mí y siempre quiero espantarlos.
Pero al rato te recuerdo.
Recuerdo que es imposible vivir sin ti.
Así que miro, muy atenta, sin dejarme espantar por las apariencias,
y si estoy lo suficientemente quieta, puedo verte también en esos momentos.
A veces hasta río de mi ceguera.
¿Cómo no me di cuenta de que me estabas cuidando?
Luego pasan los días y los rincones han desaparecido.
Mis recuerdos vuelven a ser felices.
Todo mi desamparo se convirtió en caricias y cuidados.
Por eso hoy camino más atenta.
Ya no quiero estar ciega y sorda.
No quiero negarte.
No quiero negarme.

Ahora sé que no hay momento o estado en que no estés.

Ahora entiendo que tu ausencia no es posible.

Que tú nunca duermes.














#Lección 125 UCDM

sábado, 19 de octubre de 2019

CARTA A MIS HERMANOS

Mamá murió y todo lo que nos unía estalló en mil pedazos.
Quizás yo fui el  que marchó mas lejos, pero no podía mirar atrás. Mirar atras era hundirme de nuevo en un pozo de desesperanza. Quise buscar nuevos hogares, pero siempre huía. No me sentía capaz de volver a perder nada, así que elgir estar solo.  
Pasaban los meses y cada uno de nosotros se alejaba más de los demás. 
Martina se obsesionó con el dinero, con los papeles. Yo la veía como una hurraca sin sentimientos. Llegué incluso a pensar que nunca amó a mamá. Manuela intentaba defender a Martina y la empecé a odiar por eso. O sólo quizás porque no me defendía a mí. A mí, que tanto sufría. 
Carlos se convirtió en un luchador  de todas las causas imposibles, y nos juzgaba de ahogarnos en un vaso de agua. Tal vez tenía razón. Tampoco quería verlo. 
Felipe, nuestro hermano pequeño, no se enteraba de nada. Lo juzgaba por   esconderse detrás de su inocencia, de su juventud. Cuando dejé de verlo como mi hermano favorito y empecé a odiarlo, decidí parar. 
Parar. 
Parar porque no podía respirar con tanto veneno. 
Me echaron del trabajo. Tenía mucho dinero ahorrado, sin embargo sólo y sin nada que hacer, creía que iba volverme loco. 
Pero comencé a caminar. 
Caminaba. 
Caminaba y pensaba en todo lo que había pasado. 
Los años de enfermedad cuidándola a ella. Todavía estábamos unidos. Ahí creía que estaba preparado para perderla, pero no fue así. Por eso cuando murió no pude afrontar el dolor y me fui lejos. 
Lejos. 
No quería veros. Los cinco huerfanitos. 
Un día caminado, comenzé a llorar. Tuve que morderme el puño para no gritar de dolor. Una piedra dura se movía en mi garganta y convulsionaba mi cuerpo. Me fui corriendo a casa. Bebí agua y me acosté. Cerré fuerte mis ojos y gracias a dios me quedé dormido. Al rato desperté sudando y muerto de miedo. No quería volver a llorar. Si lo hacia no podría parar. Pero en vez de huir, me quedé respirando, y por fin algo se rompió en mí y pude gritar: ¡Mamá! 
Ya no me importa llorar. Llorar y llamarla. 
Estuve varios días llamándola y llorando, llamándola y llorando. 
Todo lo que había estado tapado comenzó a salir, todos los pensamientos de dolor que no me había atrevido a escuchar: 

"Si la hubiera cuidado mejor,,,"
                  "Yo no era su favorito..."
        "No mostré fortaleza ante ella y ella se preocupó or mi inencesaramiente..."
"Siempre me molestó que sfuera tan sumisa con los hombres, cuantas veces la desprecié..."
                                 "Me hubiera gustado que fuera más cariñosa..."
                                                                "A vesces no me veía, veía a Felipe, pero no a mi..."
                                                             "Se ha puesto enferma porque no se cuidaba, no es mi culpa..."

Y así una infinidad de pensamientos sin sentido. 
Tras varias semanas supurando esta bilis, los pensamientos dejaron de venir a torturarme. 
Pero varios días después, los verdaderos recuerdos de  mamá empezaron a surgir: el día que me compró mi primer libro de filosofía, cuando ella apenas sabía leer, como me cocinaba filetes empanados cuando me iba de acampada, como era la única que reía mis chistes malos...
Un día comencé a recordarla también amandoos  a vosotros: el día que Felipe nació, su mirada de enamoramiento, su orgullo ante el día que Martina se graduó, su compliciad con Manuela en la cocina, su cofianza en que Carlos siempre nos protegería en la escuela...

Por fin pude sentir paz. Por fin pude respirar. 
Desde nueva paz, ahora entiendo a Martina. Su lucha por el dinero, es su respuesta a mi mismo dolor. Todos hemos intentado huir de este dolor de alguna manera. No importa. No puedo vivir más odiando, cuando en verdad, os que quiero tanto. 
Mañana compraré un billete de vuelta y a pesar de todo lo que parece haber pasado, me reuniré de nuevo con cada uno de vosotros. 
Deseo seguir disfrutando de  cada uno de los recuerdos de mamá,  de la suerte que tuvimos de conocerla. 
Deseo compartir con vosotros  esta nueva felicidad. 
#UCDM, lección 121

martes, 15 de octubre de 2019

PAZ

Durante mi exilio te olvidé.
A momentos creí verte bajo el dolor de unos ojos rotos, 
pero dudé.
No creía en ti. 
Hoy sí creo. 
Hoy te deseo. 
Me paro descalza frente a la tormenta y echo a correr.
Siempre que llego a la otra orilla, te encuentro. 
Seguiré atravesando nubes por ti. 
Llénalo todo. 
Háblame del silencio.
Ámame desde dentro. 
Mi Paz. 

#UCDM, lección 118

viernes, 13 de septiembre de 2019

ESPÍRITU

En el silencio te siento.
Los árboles, pura inspiración.
El cielo sonriendo.
Horizontes abiertos.
La brisa juguetona, pura dicha.
En lo profundo de este instante.
Vida.
Gratitud.
Al cerrar mis ojos, te veo.
Pureza.
Milagro de amor.
Caricia tierna.
Rendición.
Mis hermanos.
Todos...
               ... aquí en mi corazón.















UCDM, lección 97.