Tan tranquila, en aquel paisaje que tanto amas.
Mirando el horizonte.
Sola, aunque el Maestro está cerca con sus ovejas.
Sabes que está allí, cuidándote.
De vez en cuando lo miras y lo amas.
Lo amas.
Y ese gran amor te hace llorar.
Y lloras, lloras, lloras.
Tan cansada de todo lo que absorviste y no era tuyo.
Y dejas que la Tierra que tanto aprecias te limpie.
Te acune.
Eres su Hija.

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