miércoles, 5 de agosto de 2020

KAI Y LA NIÑA DE CRISTAL

Desde que Kai tenía memoria su mundo había estado en guerra. Su clan era de guerreros y
llevaban luchando contra los monstruos desde siempre. Nadie recordaba tiempos de paz y era
un tabú hablar de paz en su clan. Pero Kai estaba cansado de luchar. Sentía que tenía que
haber algo más. Añoraba la paz aun sin haberla vivido.
Un día llegó un viejo viajero al clan. A los viajeros siempre se les recibía bien, pues traían
valiosas mercancías de otros clanes. Tras la cena Kai, como hacía siempre, esperó a que todos
estuviesen borrachos, se acercó al viajero y le preguntó: 
- Viajero, ¿hay algún lugar en el que hayas estado donde no exista la guerra? -El viajero lo
miró sorprendido. 
- ¿Te refieres a un lugar en paz? -Kai asintió entre avergonzado y esperanzado. Pero el
viajero le dijo: 
-No, niño guerrero, no hay lugar en este mundo donde este viejo haya encontrado la paz.
Kai cerró los ojos herido en lo más profundo. Nunca encontraría la paz. Nunca podría sentir
descanso. Nada tenía sentido.  
-Sin embargo -añadió el viajero, -hay un lugar del que algunos hablan, pero en el que nadie
ha estado. Quizás ese lugar no exista. Quizás no quieras ni oír hablar de él, muchacho. 
-No tengo ya nada que perder. Cuéntamelo, viajero. 
-Más allá de este valle, en lo alto de aquellas montañas, escondida entre los árboles, hay
una casita. En ella duerme una niña -al decir la palabra niña, los ojos del viajero brillaron. 
-¿Una niña? -preguntó Kai mientras su corazón se encendía. 
-Sí. Una niña tan pura e inocente que la llaman la niña de cristal.
-La niña de cristal -repitió Kai dejando que ese nombre vibrase en su alma. 
-La niña de cristal -repitió el viajero mirando a Kai tan profundamente que este se sintió
abrumado. 
-Pero esa niña está muy asustada -prosiguió el viajero. 
-¿Asustada? 
-Si. Asustada. Se ha quedado dormida y es ella la que nos sueña a todos -Kai lo miró
sorprendido y al instante respondió eufórico: 
-Pero viajero, si eso es cierto, yo iré hasta ella, la despertaré y le diré que no tenga miedo. 
-Eres valiente, niño guerrero, pero si la despiertas todos desaparecemos. ¿Es eso lo que
quieres? -Kai se sintió confundido. 
-No lo sé, viajero. Mi corazón me dice que vaya. Solo deseo la paz y tengo derecho a
buscarla. Mañana emprenderé el camino hacia esa montaña.
Al amanecer el niño guerrero emprendió su viaje. Durante días estuvo caminando y
batallando con todo tipo de monstruos que aparecieron en su ruta hasta que una tarde llegó.
Allí estaba la casita. Era real. No estaba tan lejos, pensó, ¿cómo nadie ha venido nunca
antes? Una gran alegría lo habitó. Se imaginó a sí mismo entrando en la casita, descubriendo a
la niña en su cama, observando su pureza en silencio, mirándola con infinito amor,
despertándola suavemente y pidiéndole con todo su corazón que soñara un mundo sin
monstruos, que soñara un mundo de paz. 

Kai corrió hacia la casita y a medida que se acercaba descubrió que no había puertas.
Tampoco había ventanas. Toda la casita era un muro de hierro fortificado totalmente
inexpugnable. No podía entrar. Kai gritó, intentando que la niña lo oyera, pero su voz chocó
contra las negras paredes. Adentro la niña no podía oírle. Aun así Kai golpeó las paredes hasta
hacerse daño. Se lanzó contra ellas, y se hizo aún más daño. Cuando caía la noche, extenuado,
cayó de rodillas delante de la casita de hierro, y lloró desconsolado. Era imposible. Ahora
entendía por qué nadie lo había intentado. Había sido un iluso. Todos estaban condenados a
vivir sin paz. 


Justo antes de caer rendido de sueño recordó las palabras del viajero: 
"Ella nos está soñando a todos."
Y Kai pensó: “Es ella quien sueña con estas paredes de hierro. Ella no quiere ser despertada.
Quizás yo no merezca ni acercarme a ella. ¿Qué hago aquí? Si ella no quiere despertar, será así
hasta el fin de los tiempos.”
Y se durmió. 
Al amanecer arregló su petate y se encaminó de vuelta a su clan. Tras un largo y triste viaje
llegó a su valle. Justo cuando entraba por la puerta amurallada se encontró de frente con el
viejo viajero que abandonaba el clan.
-¿Qué, niño guerrero? ¿Encontraste la casita? ¿Viste a la niña de cristal?
-Viajero, es imposible entrar en esa casita para despertarla. Ella misma sueña con esas
paredes inexpugnables. No quiere que nadie la despierte. Ni siquiera quiere que la toquemos -
le contó Kai derrotado. 
El viajero se le quedó mirando y de forma cariñosa se acercó a él y le susurró al oído: 
-Ay, niño guerrero, ella lo sueña todo. Ya te lo dije. Sueña con monstruos, con batallas, con
un mundo en guerra, pero también con guerreros que preguntan a viajeros por la paz, con
niños guerreros que anhelan que ella despierte -Kai lo miró a los ojos sin entender. 
-¿Quieres decir que quizás sí quiere despertar? No lo sé, viajero. ¿Tú crees que la niña
de cristal desea la paz? -Los ojos del viajero se encendieron con un fulgor intenso y antiguo. 
-Ella desea la paz por encima de todo -Al oír estas palabras todos los momentos de la vida
de Kai en los que había deseado la paz explotaron en su pecho. Las lágrimas comenzaron a salir
desbocadas y hasta el último anhelo de paz que había intentado mantener a raya salió como
una cascada. Cuando por fin se calmó miró de nuevo a los ojos del viajero y, lleno de asombro,
le dijo: 
-Tú eres la niña de cristal. 
-Tanto como tú, niño guerrero. Ahora no vuelvas a la casita. No hace falta. Entra a tu clan y
míralos a todos como me has mirado a mí. Recuérdales que ellos son esa niña, recuérdales que
su mayor deseo es la paz. 
Y así fue que el niño guerrero pasó sus días mirando su mundo para ver y recordar que
todos ellos eran aquella niña inocente y asustada. 
Y pasó el tiempo y empezó a haber cada menos monstruos. Y pasó aún más tiempo y los
monstruos desaparecieron. 
Tras muchas estaciones, una tarde de verano, siendo Kai ya un viejo, observaba ponerse el
sol desde su valle. Cuando las nubes naranjas teñían el horizonte, sintió en su corazón un
destello de pura paz y supo que ella ya no tenía miedo. Supo que ella iba a dejar de soñar. 
Un segundo antes de que el viejo Kai y todo aquel mundo desaparecieran, como un regalo
de amor, pudo oír las primeras palabras de la niña de cristal al despertar: 
-Ohh, madre, madre, madre.



martes, 23 de junio de 2020

Azul profundo

Yo quiero sentir el secreto azul oculto bajo los pies de esta Montaña.


Hoy dejo que el Sol me bañe, 
mientras mi Madre de azul terciopelo mece mi cuerpo entre las aguas.

En lo profundo de este cuerpo, de este valle, de esta alma, 
siento el reposo absoluto de mi Amada.

Me dejo caer en el Silencio y cuando subo, 
mis brazos son las ramas de este árbol que acuna su corazón sumergido en las raíces.

Camino la Tierra, pero sé lo que hay debajo, 
por eso no puedo estar sola.

Estoy conmigo,
 estoy contigo, 
unida en este mar azul de Amor. 

domingo, 24 de mayo de 2020

Esta vida es mi madre


Esta perla azul que vive dentro de mi mamá,
es como una joya soñada de vida.
En ella camino, respiro, y salto al mar.
En ella me baño, me amo y vuelvo a empezar.
En ella me miro, me escribo y me dejo cuidar.
Una joya dentro de otra joya sin miedo a brillar.

MUJER DE LUZ

Mujer de trenza larga... 
     ... camina descalza, 
                pisa fuerte estas montañas. 

                       Las niñas te rodean, 
                               tus brazos abrazan al hombre de ojos claros.

                                        Deja que salgan  mil y una  historias, 
                                                             deja que curen y nos lleven a casa.... 
                                                                                           ...mujer de luz que mira el horizonte. 




viernes, 21 de febrero de 2020

Un barquito a tu Hogar


Hay una ternura sutil y poderosa encondida entre mis brazos, 
pero al mirarte se me escapa  haciéndome volar.

Hay un espejo en tus ojos de pura inocencia.
 Me miro y sólo puedo recordar la niña eterna  que soy. 

Hay un fulgor conocido en el espacio que te arrulla, 
un color de sepia y oro que acaricia mis sentidos. 

Al pensarte, dos lágrimas antiguas en mis ojos
se deslizan saladas por mi rostro y caen al mar agradecidas.

Tu vida, tu luz, tu amor. 

Verte brillar, verte reir, verte caminar. 
Verte buscar  un Hogar más allá de tu infancia. 
Hermana. 
¿Dónde estará esa seguridad que buscamos?
¿Dónde podremos sentirnos por fin a salvo, por fin en paz?

Hay un pedazo de este corazón que compartimos,
donde tu niñez se evapora entre nubes de algodón,  
todo rastro de dolor se deshace  dulcemente...

... y sólo queda una niña feliz.


Guardo silencio en esta nueva paz. 
Sólo abro mis ojos un instante para mirarte de nuevo
y dejar  que  mi voz te hable.  

"Recuerda, niña del mar,  que naciste del Amor. 
Que Fina y Paco se amaron tanto en un instante, 
que te hicieron un barquito de luz donde poder navegar. 
Coge ese barquito ahora, surca mares y tormentas, 
y dirígete a tu Hogar"





jueves, 13 de febrero de 2020

Cruzando el mar II

Quizás no tenga que construir ese barco y cruzar. 
Quizás solo venga cada día, un ratito a la mañana y otro ratito a la noche, 
para dejar que ella me mire, me sonría y me recuerde algo que olvidé. 
Mientras más vengo a mirarla más corta se hace la distancia entres mi tierra y la isla.
Y aquel cansancio que arrastraba está desapareciendo. 
Una nueva energía fluye en mi. 
Ahora no siempre pierdo la paciencia con los míos. 
Ayer comencé a pensar que podría hablarles de este islote. 
Pensé que aquel paraíso no tenía que ser solo para mí. 
Incluso deseé que fuese para todos. 
¿Qué sentido tendría cruzar yo solo? 
Siempre miraría atrás y una parte de mi aún seguiría en la tierra. 
Por eso he dejado de construir la barca.
Solo pido cada día el milagro de que ella me mire, para poder vivir un día más en esta tierra, 
dónde últimamente, todo se me hace ya distinto. 
No sé si mejor, más llevadero, o simplemente vislumbró una ternura que antes no veía. 
¿En qué terminará esto ahora que siento que este viaje no tiene distancia?
leccion 200 #ucdm

martes, 11 de febrero de 2020

Tú eres mi Rey

Veo en ti una estela de arroz y estrellas.
Veo en ti un niño mágico, lleno de algodón por repartir.
Veo en ti un hombre donde descansar y apoyar mi rostro.
El océano ruge fuerte y golpea las rocas,
                         pero yo veo tus aguas tranquilas amparando mi cuerpo.
Tu calma es asilo y tu paz, recuerdo del cielo.

Amarte es amar la tierra.
Quererte es besar el mar.

No viniste a penar, niño del alba.
No viniste a sufrir, niño de sal.
Viniste a enseñar.
A enseñar a jugar y a vivir.
Suelta la roca que te aplasta.
Suelta la pena que te ahoga.
Despierta a tu verdad.
Y recuerda que tu inocencia es fuerza.
Recuerda que tú eres un Rey.