Desde que Kai tenía memoria su mundo había estado en guerra. Su clan era de guerreros y
llevaban luchando contra los monstruos desde siempre. Nadie recordaba tiempos de paz y era
un tabú hablar de paz en su clan. Pero Kai estaba cansado de luchar. Sentía que tenía que
haber algo más. Añoraba la paz aun sin haberla vivido.
Un día llegó un viejo viajero al clan. A los viajeros siempre se les recibía bien, pues traían
valiosas mercancías de otros clanes. Tras la cena Kai, como hacía siempre, esperó a que todos
estuviesen borrachos, se acercó al viajero y le preguntó:
- Viajero, ¿hay algún lugar en el que hayas estado donde no exista la guerra? -El viajero lo
miró sorprendido.
- ¿Te refieres a un lugar en paz? -Kai asintió entre avergonzado y esperanzado. Pero el
viajero le dijo:
-No, niño guerrero, no hay lugar en este mundo donde este viejo haya encontrado la paz.
Kai cerró los ojos herido en lo más profundo. Nunca encontraría la paz. Nunca podría sentir
descanso. Nada tenía sentido.
-Sin embargo -añadió el viajero, -hay un lugar del que algunos hablan, pero en el que nadie
ha estado. Quizás ese lugar no exista. Quizás no quieras ni oír hablar de él, muchacho.
-No tengo ya nada que perder. Cuéntamelo, viajero.
-Más allá de este valle, en lo alto de aquellas montañas, escondida entre los árboles, hay
una casita. En ella duerme una niña -al decir la palabra niña, los ojos del viajero brillaron.
-¿Una niña? -preguntó Kai mientras su corazón se encendía.
-Sí. Una niña tan pura e inocente que la llaman la niña de cristal.
-La niña de cristal -repitió Kai dejando que ese nombre vibrase en su alma.
-La niña de cristal -repitió el viajero mirando a Kai tan profundamente que este se sintió
abrumado.
-Pero esa niña está muy asustada -prosiguió el viajero.
-¿Asustada?
-Si. Asustada. Se ha quedado dormida y es ella la que nos sueña a todos -Kai lo miró
sorprendido y al instante respondió eufórico:
-Pero viajero, si eso es cierto, yo iré hasta ella, la despertaré y le diré que no tenga miedo.
-Eres valiente, niño guerrero, pero si la despiertas todos desaparecemos. ¿Es eso lo que
quieres? -Kai se sintió confundido.
-No lo sé, viajero. Mi corazón me dice que vaya. Solo deseo la paz y tengo derecho a
buscarla. Mañana emprenderé el camino hacia esa montaña.
Al amanecer el niño guerrero emprendió su viaje. Durante días estuvo caminando y
batallando con todo tipo de monstruos que aparecieron en su ruta hasta que una tarde llegó.
Allí estaba la casita. Era real. No estaba tan lejos, pensó, ¿cómo nadie ha venido nunca
antes? Una gran alegría lo habitó. Se imaginó a sí mismo entrando en la casita, descubriendo a
la niña en su cama, observando su pureza en silencio, mirándola con infinito amor,
despertándola suavemente y pidiéndole con todo su corazón que soñara un mundo sin
monstruos, que soñara un mundo de paz.
Kai corrió hacia la casita y a medida que se acercaba descubrió que no había puertas.
Tampoco había ventanas. Toda la casita era un muro de hierro fortificado totalmente
inexpugnable. No podía entrar. Kai gritó, intentando que la niña lo oyera, pero su voz chocó
contra las negras paredes. Adentro la niña no podía oírle. Aun así Kai golpeó las paredes hasta
hacerse daño. Se lanzó contra ellas, y se hizo aún más daño. Cuando caía la noche, extenuado,
cayó de rodillas delante de la casita de hierro, y lloró desconsolado. Era imposible. Ahora
entendía por qué nadie lo había intentado. Había sido un iluso. Todos estaban condenados a
vivir sin paz.
Justo antes de caer rendido de sueño recordó las palabras del viajero:
"Ella nos está soñando a todos."
Y Kai pensó: “Es ella quien sueña con estas paredes de hierro. Ella no quiere ser despertada.
Quizás yo no merezca ni acercarme a ella. ¿Qué hago aquí? Si ella no quiere despertar, será así
hasta el fin de los tiempos.”
Y se durmió.
Al amanecer arregló su petate y se encaminó de vuelta a su clan. Tras un largo y triste viaje
llegó a su valle. Justo cuando entraba por la puerta amurallada se encontró de frente con el
viejo viajero que abandonaba el clan.
-¿Qué, niño guerrero? ¿Encontraste la casita? ¿Viste a la niña de cristal?
-Viajero, es imposible entrar en esa casita para despertarla. Ella misma sueña con esas
paredes inexpugnables. No quiere que nadie la despierte. Ni siquiera quiere que la toquemos -
le contó Kai derrotado.
El viajero se le quedó mirando y de forma cariñosa se acercó a él y le susurró al oído:
-Ay, niño guerrero, ella lo sueña todo. Ya te lo dije. Sueña con monstruos, con batallas, con
un mundo en guerra, pero también con guerreros que preguntan a viajeros por la paz, con
niños guerreros que anhelan que ella despierte -Kai lo miró a los ojos sin entender.
-¿Quieres decir que quizás sí quiere despertar? No lo sé, viajero. ¿Tú crees que la niña
de cristal desea la paz? -Los ojos del viajero se encendieron con un fulgor intenso y antiguo.
-Ella desea la paz por encima de todo -Al oír estas palabras todos los momentos de la vida
de Kai en los que había deseado la paz explotaron en su pecho. Las lágrimas comenzaron a salir
desbocadas y hasta el último anhelo de paz que había intentado mantener a raya salió como
una cascada. Cuando por fin se calmó miró de nuevo a los ojos del viajero y, lleno de asombro,
le dijo:
-Tú eres la niña de cristal.
-Tanto como tú, niño guerrero. Ahora no vuelvas a la casita. No hace falta. Entra a tu clan y
míralos a todos como me has mirado a mí. Recuérdales que ellos son esa niña, recuérdales que
su mayor deseo es la paz.
Y así fue que el niño guerrero pasó sus días mirando su mundo para ver y recordar que
todos ellos eran aquella niña inocente y asustada.
Y pasó el tiempo y empezó a haber cada menos monstruos. Y pasó aún más tiempo y los
monstruos desaparecieron.
Tras muchas estaciones, una tarde de verano, siendo Kai ya un viejo, observaba ponerse el
sol desde su valle. Cuando las nubes naranjas teñían el horizonte, sintió en su corazón un
destello de pura paz y supo que ella ya no tenía miedo. Supo que ella iba a dejar de soñar.
Un segundo antes de que el viejo Kai y todo aquel mundo desaparecieran, como un regalo
de amor, pudo oír las primeras palabras de la niña de cristal al despertar:
-Ohh, madre, madre, madre.