martes, 26 de abril de 2016

VERÓNICA FRANCO

Siento duro mi cuello, pero no necesito respuestas. Hoy quiero 

abrir mi  pecho para que entres dentro aunque me duela. 

Quiero  abrirme a sentir sin miedo y contemplar los  

pensamientos sin arrastrarme hacia el caos 

de la razón. 
(Verónica camina de un extremo a otro en su  celda oscura.)

Diga lo que diga han decidido mi muerte. Malditos. No puedo aceptarlo, he de buscar otra salida. Confesaré lo que ellos quieran, me arrodillaré y les besaré  los pies, lloraré de arrepentimiento sincero. Si no lo hiciera sería idiota. Qué me importa a mí mentirles. Yo sé quién soy- Yo... Me va a explotar la cabeza. No puedo dejar de sentirlos a todos mirándome...Y cuántos que han probado mi cama y mis palabras miraban a otra parte cómplices del silencio. El miedo les cierra la boca. Me arde el estómago.  Respira Verónica. Piensa. Piensa rápido una forma de escapar. Sí,  confesaré cualquier tontería de la que me acusen.  Qué me importa lo que piensen de mí. Los que me aman sabrán que miento por salvar la vida y comprenderán. Eso es. Si juzgan mi cobardía yo juzgaré su silencio. Es inútil convencer a los presbíteros, siento la muerte en sus ojos. Y aún así deberían escuchar lo que tengo que decirles. No, calla Verónica,  ¿qué puedo cambiar yo si sé que esta oscuridad que ahora entra durará siglos? Malditos sean, malditos. Malditos por darme esta noche para volverme loca antes del juicio.  Volveré  a aquel salón y les besaré los pies. No podría perdonarme no hacer todo lo que esté en mi mano para sobrevivir. Eso es , sobrevivir... ¿Qué estoy pensando? No puedo soportar que gane la maldad, que siembren mi vida con sus mentiras, que me escupan como a un despojo.  ¡Si quisiera podría haceros sentir vergüenza malditos!  No, para Verónica. ¿Qué estás haciendo? Párate. Calma, respira....
Es más sencillo. Es simple. Puedo decir la verdad. 
Sus miradas me harán sentirme pequeña, sucia, insignificante... Sus miradas llenas de juicio confundirán  mis huellas, cada paso que di, cada decisión tomada, los errores... Me estalla la cabeza... 
¡Los odio! Necesito beber... Tengo mucho  miedo. No puedo pasar la noche en esta celda. No quiero morir. 
(Un grito ahogado la arroja al suelo. Llorando, arrastrándose se acerca a su jergón de paja. Verónica deja salir las lágrimas hasta calmarse.)
Aún respiro. Mi cuerpo sigue vivo. Mis manos. Siento en ellas el calor de otros cuerpos. Siempre habéis sabido qué hacer, qué escondrijo tocar para abrir los pechos cansados. Oh,  Verónica,  las caricias. Necesito recordarlas, cuántas caricias, cuántas palabras susurradas al oído. Los poemas, los versos inventados de la nada... 
No me confunde la vida, 
me confunde tu belleza, 
aléjate señor mío 
y demostrad gentileza.  
Eso haré, recitaré miles de versos hasta que amanezca. 
Desde siempre es sabido, 
que los hombres se retractan
de lanzarnos los  cumplidos,
que a nosotras nos espantan. 
Calle entonces señor mío,
no nos asuste por Dios.
Si yo me quito el vestido
es por mí y no por vos. 
Las palabras están vivas...
Recuerdo el poema que leía aquella  noche.  Cómo te reías, bribón. Con qué descaro me mirabas aun sabiendo que era mujer prohibida para un hombre de tu clase. ¿Cómo conseguiste colarte en mi alcoba? Ya no lo sabré nunca.  Mi cuerpo abriéndose a ti... Aún te siento.  ¿Qué mujer ha podido sentir tanto amor Verónica? No, no lo he sentido, lo he tocado. He tocado mil veces el amor. 
He vivido. He vivido mejor que muchas. 
He amado... me han amado.  Todo ha merecido la pena. 
Malditos sean los que no entienden. Pero yo puedo dar gracias.  Y así será. 
Mañana diré la verdad.  Ahora dormiré. 


Verónica Franco,  nacida en 1546 en Venecia, fue una  poetisa, activista y célebre cortesana. En 1580 la Inquisición la llevó a juicio acusada de brujería. Verónica se defendió con inteligencia, pero  siendo fiel a su verdad ante un tribunal lleno de hombres. La Iglesia le quitó todos sus bienes materiales, pero quedó libre de cargos y vivió. Verónica siguió escribiendo poemas eróticos y defendiendo el derecho de la mujer a aprender y a ser  respetada, hasta su muerte. 

sábado, 9 de abril de 2016

AlmaalmaalmaalmaalmaalmA

He caminado buscándote a través de cien  desiertos
He sentido el frío en mis huesos esperando detrás de alguna roca en ninguna parte
En la soledad llena de gente llamándote
Un grito llenando la noche sin brújula
La tierra me ha visto caminar descalza y ha recogido miles de lágrimas
He manchado de sangre sus valles confundida al no escucharte
He mojado mi cuerpo desesperada por limpiar tantos errores
He visto mentiras y he jugado a ciega con ellas
He sentido el dolor de creer que era otra
El vacío me ha encontrado a través del fuego que más arde
Pensamientos de muerte creados en la nada
Buscando acallar tu ausencia con una vara dura y negra
Una vara hueca que esconde una niña que no entiende

Pero ahora...he llegado donde ya estaba
He masticado cada experiencia y he roto la ignorancia

He atravesado las pieles que nos separaban
He roto un muro hecho de cuentos enredados
He caído en el vacío sin sentirme abandonada
He cubierto de luz mis heridas
He soltado mis cien  historias para sentirme ahora

Ahora puedo sentirte en mi pecho llenándome,  susurrándome: libre, vuela, vamos a por más.